Partamos de algo: Un servidor público sigue siendo un ser humano, alguien que goza de todos los derechos, pero además tiene unas relaciones especiales de sujeción que le permite hacer sólo lo que la ley le permita.
Ahora bien, ayer analizaba el cómo la continuidad de sus puestos depende de la participación en política, pero que evidentemente esta participación se hace de manera oculta y sosegada por miedo a las sanciones disciplinarias y penales, pero hay otros, que descaradamente hacen política utilizando los recursos, medios e influencia en sus subalternos o en la comunidad en general; situaciones que no sólo se circunscriben al ámbito local, sino al regional y al Nacional.
Países como España, Estados Unidos, entre otros, permite el ejercicio de estos derechos, sin que éstos se circunscriban al ejercicio como tal del servicio público, y por ende no afecte la gobernanza.
Estoy totalmente de acuerdo en que los funcionarios públicos ejerzan su derecho a la participación política, pero que esta participación no interfiera con su ejercicio de la función pública. Cada quien tiene derecho a elegir y ser elegido, y la mejor forma de hacerlo, es evidentemente participando de los actos que deriven de un ejercicio político.
Eso sí,,, reglamentado, con bases, límites y sanciones, pero que se termine esta satanizaciòn del servicio como si ser servidor público fuera el peor de los pecados, cuando por el contrario la función pública depende del ejercicio de la política y su fin único es la democracia.
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